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La República Bolivariana de Venezuela, una Democracia Profundizada y Extendida

  • Última actualización en Miércoles, 23 Octubre 2013 19:46
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Siempre que se opina sobre el proceso político venezolano es imposible ser neutral. Todo lo que suceda en este hermano país, está sujeto a la lucha ideológica y política que actualmente se está librando en el mundo entre los que quieren seguir y acentuar las políticas que han llevado al mundo a lo que algunos intelectuales han denominado una crisis civilizatoria y los que luchan bajo la consigna de “otro mundo es posible” y además necesario.

Teniendo en cuenta los últimos acontecimientos desprendidos de la jornada electoral del pasado domingo, en que el candidato Nicolás Maduro le ganó al candidato de la derecha, Henrique Capriles, quien desconoció inmediatamente el resultado, alegando un presunto fraude. Apreciaciones estas, que van en contravía de las expresadas por todos los observadores internacionales -incluida el Centro Carter, de procedencia Norte Americana-  en el sentido de que el sistema electoral venezolano es confiable y que los resultados de la jornada no tuvieron incidentes significativos que desvirtuaran esta apreciación. Al respecto es necesario realizar algunas claridades sobre la democracia venezolana.

Desde la asunción al poder de Hugo Chávez en el 1998 se ha venido construyendo, afinando y acentuando una matriz comunicacional propagada por los medios privados, en coordinación con los intereses de las multinacionales, en torno a desconocer que en Venezuela existen instituciones democráticas según los estándares propios de lo que ellos consideran es la democracia. Lo primero que hay que decir es que las visiones contrapuestas arriba aludidas, igualmente se contraponen en el ideal de democracia que defienden. Los primeros, los que están llevando al mundo al desastre, con matices y acentos diferentes, reducen la democracia a un asunto formal, de elegir y ser elegidos, de mero procedimiento, de reglas electorales. Según esta recortada visión, la democracia solo se expresa cada cuatro, cinco o seis años (según el calendario electoral de cada país). Los segundos, también con matices y diferencias, conciben la democracia como un proceso cuyo fin es hacer efectivo y real la participación, decisoria y no solo consultiva, del pueblo en los asuntos de la sociedad. Es decir, en hacer real lo tantas veces dicho: “un gobierno del pueblo, con el pueblo y para el pueblo”, en donde el procedimiento, la regla de la elección, es solo un instrumento necesario y perfectible, y no un fin en sí mismo. Además, esta última visión, diferencia  en este proceso dos elementos convergentes en el mismo: uno es la profundización democrática y otro la extensión de la misma.[1]

En relación al caso venezolano, es precisamente el cumplimiento de esa formalidad democrática (elecciones periódicas para renovar o confirmar los cargos públicos, división de poderes, etc., etc.) requerida por la derecha mundial para calificar o descalificar a los países como democráticos, es lo que ha generado la guerra mediática por demostrar que en Venezuela no existe Democracia. Y es aquí, donde la derecha mundial, ha tenido que a aceptar, a regañadientes (¡17 procesos electorales en 14 años!) la formalidad de la democrática de Venezuela, pero a renglón seguido, afirman que esto oculta en esencia una dictadura o que inevitablemente se llegara a ella.

Lo anterior nos lleva a hacer inevitablemente un balance democrático desde la segunda perspectiva aquí anotada, que nos permite señalar, que aun con las dificultades que pueda tener la democracia venezolana, no solo sale bien librada en el contexto latinoamericano, si no el contexto mundial. Dos ejemplos para fundamentar lo dicho: los altos niveles de participación en las contiendas electorales que no bajan de 70%, comparados con los precarios niveles de participación (por debajo del 50%) de varios países que se precian de ser más democráticos que Venezuela (Vg, Colombia y Estados Unidos), legitiman más a las autoridades elegidas y nos brindan un ejemplo de extensión democrática. Y desde la profundización democrática, la posibilidad real de revocar al presidente, es una verdadera garantía que en muchas autoproclamadas “democracias” latinoamericanas y mundiales no se dan y que desde allí, permanentemente cuestionan la “ausencia de democracia” en Venezuela.

Aclaramos lo anterior: posibilidades reales, no solo formales. Muchos países tienen esta figura constitucionalmente establecida pero su desarrollo legal hace nugatoria esta posibilidad. Esto explica que en la historia reciente ningún presidente ha sido sometido a procesos revocatorios con excepción de Hugo Chaves en el 2004, posibilidad legal contemplada en la constitución bolivariana y, “oh paradoja”, redactada bajo el liderazgo e influencia de un dictador que se quería perpetuar en el poder, según la derecha mundial. La constitución Colombiana, supuestamente superior a la venezolana, a lo máximo contempla la revocatoria de alcaldes y gobernadores, más no la del presidente.

Ahora bien, ¿la diferencia de votos entre los candidatos,  por mínima que está sea, es una razón suficiente para pretender ilegitimar el resultado de una elección Presidencial? De ser así, entonces diferentes elecciones donde resultaron electos gobiernos de derecha, han sido ilegitimas, como es el caso de la elección de Bush, Aznar, Calderón  e incluso del mismo Capriles[2], pero en estos casos los que ahora fungen como defensores de la democracia no expresaron nada. Lo evidente, es que no se trata de una preocupación por la democracia, sino la ejecución de una estrategia de la derecha internacional, para tratar de detener el curso de la Revolución Bolivariana, ya no a través de las elecciones, sino por medio de un nuevo golpe de estado. De esta manera se explica que el candidato Capriles en campaña no suscribió el compromiso para reconocer los resultados y durante el transcurso del día de la elección, expresó que el Consejo Nacional Electoral, pretendía cambiar el resultado. Pero además después de ser derrotado solicitó un conteo manual voto por voto, cuando este procedimiento no existe, toda vez que el sistema electoral venezolano es totalmente automatizado.

Esta nueva intentona golpista, es apoyada, como siempre ha sucedido en América Latina, por los EE.UU. En este sentido se explica que el portavoz de la casa blanca, en una injerencia indebida de la soberanía de la República Bolivariana de Venezuela, ratificó la solicitud del reconteo manual del total de los votos, tratando de imponer un mecanismo inexistente en el sistema electoral venezolano.  Sin embargo, a diferencia del golpe de estado del 2002, hoy, la democracia venezolana se ha profundizado, y en este sentido el pueblo tiene más conciencia sobre la importancia que tiene darle continuidad a la Revolución Bolivariana, es por esto que además de votar mayoritariamente por Nicolás Maduro, como lo hizo el 7 de octubre de 2012 por el Comandante Chávez, ha sabido defender esta decisión, sin caer en las provocaciones de la derecha, que intenta ya no con votos, sino con violencia retornar al poder.

Con la juramentación de Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela, se garantizará continuar con la Revolución Bolivariana, que ha logrado además de extender, profundizar la democracia.

ROBERTO FERNANDEZ, MAURICIO ZAMORA



[1] Nos referimos con esto a que un proceso democrático, para serlo, no solo debe ampliar la participación en los asuntos públicos de la mayoría de la población (extensión democrática), si no que esta participación debe ser de “calidad”, es decir, decisoria y sobre temas fundamentales de la sociedad (profundización democrática). Un ejemplo: los tratados internacionales sobre temas económicos que afectan la vida de toda una población deberían ser refrendados por la población. ¿Es democrático que los TLCs no pasen por la discusión y aprobación publica?

[2] George W. Bush recibió durante las elecciones del año 2000 menos votos que su contendiente Al Gore (47% frente a 48%) y fue proclamado presidente de los Estados Unidos de América. En las siguientes elecciones celebradas en el 2004, Bush obtuvo el 50,7% de los votos, superando por solo un 2% a su rival John Kerry; José María Aznar ganó en 1996 las elecciones por primera vez. Lo hizo con solo un 1% de diferencia con respecto al otro representante del bipartidismo, Felipe González y con un 38,79% de los sufragios; Felipe Calderón obtuvo la presidencia de México en 2006 con un 0,56% más que el candidato de la izquierda Andrés Manuel López Obrado, todos estos candidatos de la derecha, ganaron a sus contendores con estrecheces porcentuales, menores con las que ganó Nicolás Maduro.