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Cuerpo fuerte y alma sumisa: análisis de una formación social racializada

  • Última actualización en Miércoles, 23 Octubre 2013 19:46
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-A propósito de la asimetría racial y la polarización discursiva en la elección por la alcaldía de Cali-

Este texto intenta develar o aportar en la interpretación de las representaciones que se han puesto en juego entre dos de los candidatos con mayor opción de ocupar la alcaldía de la ciudad de Cali (María Isabel Urrutia por el Polo Democrático Alternativo y Rodrigo Guerrero por el movimiento de firmas independiente 'Pa' lante Cali'). Hemos decidido escribir este texto luego de chocarnos con un graffiti de la calle 10 con carrera 39, en el que se lee: “Negra HP. No, No nos vas a gobernar”. También es diciente que dicho juego de representaciones hace parte del propio diseño de campaña de la candidata del Polo, recorriendo la ciudad es posible encontrarse con carteles pegados en las paredes que dicen: “No le pegue a la negra, vote por ella”.

Enunciados como los anteriores invitan a repensar como a pesar de todas las celebraciones vinculadas al año internacional de la afrodescendencia, y de la asistencia multitudinaria al Festival de música del pacifico “Petronio Álvarez”, la estrategia racial opera como un recurso eficaz cuando el debate se desplaza de los espacios patrimoniales de la cultura hacia los escenarios efectivos del poder político. Este tipo de recursos, listos a ser utilizados, también nos invita a preguntarnos: ¿Cómo a pesar de 20 años de implementación de un estado multicultural, el racismo en tanto recurso político y social subsiste en los resortes imaginarios de la sociedad colombiana? ¿Qué papel juega la etnicidad en el escenario político caleño? ¿En este caso estaríamos hablando de fenómenos de oposición étnica, racial, o de clase social? ¿Cómo operan las estructuras del racismo, el getho y la exclusión en nuestros contextos contemporáneos?
Para tal efecto repasaremos dos escenarios en los cuales emergen las estructuras de racismo cotidiano, Un primer escenario tiene que ver con los comentarios y las frases que circulan en torno a la gente negra, y que siendo asimiladas y naturalizadas por la cotidianidad, son -en apariencia- desarmadas de las profundas cargas políticas con las que deambulan. Un segundo aspecto, tiene que ver con el papel que juegan los medios masivos de comunicación en la producción de los estereotipos racistas, y en la estructura fundamental del racismo. El objetivo final de este pequeño ejercicio será preguntarnos hasta que punto Cali puede ser considerada como una formación social racializada.

Primer escenario: las fronteras imaginarias y las metáforas del racismo
“Ese Niche si es mucha clase para manejar el balón”, “… uh, uh, uh eres como un simio negro bruto, “Corré negro HP, negro tenias que ser, para ser tan perezoso. Los anteriores comentarios emergieron hace 15 días en el remodelado estadio Pascual Guerrero. Era un partido Santafe – Deportivo Cali. Lo que nos llamó la atención no fue la vociferación de epítetos hirientes al rival, hecho común en cualquier partido de futbol, sino su evidente carga racial. En un 99% la hinchada apoyaba al Cali, pero los epítetos raciales no distinguían entre el verde caleño y el rojo santafereño, idénticas construcciones discursivas se utilizaban para los jugadores negros de ambas escuadras, incluso, eran voceadas por personas que bien podrían ser identificadas como “negras”.
En un contexto en el que la gente negra es cercana a un 54% del total de la ciudad (Dane 2005), la sociedad caleña es una formación social que inconscientemente recurre a la estigmatización racista. No es raro escuchar frases que asocian el color de la piel con connotaciones que abierta o simuladamente reducen el sujeto negro a su fuerza física o lo sumergen en rasgos hipersexuales: “sudando como negro”, “eso es cosa de negros”, “perezoso como negro”, “baila como negra”, “huele a negro”, “corre como negro”. También son comunes otros tipos de afirmaciones que reconocen los sujetos dentro de una matriz que los reduce a rasgos ingenuos o abiertamente infantiles: “tan lindo el negrito”, “… no son muy inteligentes… pero son simpáticos”, “tan alegres, los negritos”. Unas y otras construcciones discursivas, por lo general, ubican las poblaciones negras lejos de los espacios de poder legítimamente aceptados en la sociedad, más bien deambulan naturalizadas y despojadas de su profunda carga política e ideológica. Se reproduce por lo tanto, la metáfora que opone dialécticamente al buen salvaje, del salvaje peligroso. O, como sugiere Jaime Arocha, en la critica que realiza a la utilización del estereotipo “negro” en la película “Perro come perro”, “[…] se recurre a la representación común de “Cuerpo fuerte y alma sumisa”. Una representación con antecedentes tan antiguos como la novela el Alférez Real de Eustaquio Palacios, el clásico literario de la hacienda esclavista vallecaucana en el siglo XVIII. En opinión de Arocha, la reiteración de los estereotipos es uno de los medios a través de los cuales se propaga la ideología que sustenta el racismo. Si tenemos en cuenta que la relación precede los términos de la relación, es posible ir más allá para prever que la ubicación de la gente negra dentro de la metáfora de “Cuerpo fuerte (para la producción) y alma sumisa”, al mismo tiempo se demarca su némesis simbólica: “Cuerpo improductivo y espíritu rebelde”.
De esta manera, de una parte se da pie a un juego de estereotipos y gradaciones por ubicarse en una o en otra metáfora, dependiendo en donde se es ubicado por los otros, y en donde se realiza el proceso de autoidentificación de los individuos. De otra parte, las representaciones colectivas van identificando unas y otras metáforas en lugares geográficos reales y concretos que van dibujando toda una cartografía imaginaria del racismo: Agua blanca y Puerto Tejada son peligrosos, mientras que Juanchito es alegre y rumbero. De acuerdo con el sentido de los comentarios de Arocha, podría decirse que la sociedad caleña traza una frontera imaginaria, una especie de aseguranza para mantener la dominación simbólica, la cual se implementa por medio de sucesivas fragmentaciones poblacionales operadas en el lenguaje cotidiano.

Una primera distribución se encargaría de distinguir entre los negros y lo que no lo son, para luego desarrollar una segunda dicotomía entre los negros sumisos, que por medio de sus cuerpos fuertes -cuerpos para el capital- sostienen la producción, como en el caso de las cooperativas de corteros de caña. Al otro lado de la frontera habitan los negros rebeldes y ladinos, como el demonio Buziraco al que fue necesario desterrar con el monumento de las tres cruces; cuerpos asimilados como vagos e improductivos para el capital, como los grupos de Hip-Hop de Agua Blanca y Siloe. Incluso, cuerpos amenazantes para la dominación como el viejo Cinecio Mina, o el Consejo Comunitario de la Toma que encarnan la histórica resistencia frente al despojo territorial. Estamos hablando de una Zona Marginal habitada por cuerpos rebeldes y resabiados como el del Movimiento de los Corteros de Caña, cuerpos que con ritmo arrebatado y atonal reinscriben en su superficie las viejas historias de los cimarrones y contrabandistas de tabaco del río Palo.

Segundo escenario: Formación social, raza e ideología

Para Stuart Hall (1978, en Grossberg L.1996) la relación entre el racismo y los medios tocan directamente el problema de la dominación ideológica, dado que el principal campo de acción de los medios de comunicación es la producción, transformación y posicionamiento de las ideologías. Para Hall las ideologías no son accidentes o errores discursivos, por el contrario su poder reside en la extensión evocativa de sus argumentos, y en su capacidad para remitir a diversas constelaciones de significados. De acuerdo a nuestra línea argumentativa, el dispositivo ideológico se actualiza a través las mencionadas “metáforas del racismo”.

Como venimos de apreciar las metáforas del racismo dividen a la población de acuerdo al color de su piel en un esquizofrénico vaivén de atributos bondadosos y criminales. Dicha dinámica emerge con repetida frecuencia en los medios masivos de comunicación caleña. Por estos días, dichas metáforas han aparecido con virulencia refiriéndose al pulso electoral entre Rodrigo Guerrero y María Isabel Urrutia. A este respecto invito a revisar los términos en que dicho debate apareció en una columna de uno de los diarios de mayor circulación de la región. El diario el país publico el 11 de Septiembre de este año un texto escrito por Antonio de Roux bajo el lapidario título de “Vendió el alma”.

El autor comienza su texto “[…] manifestando mi admiración por los afrodescendientes. Me gustan su vivacidad y su espíritu alegre. En materia de agudeza mental no tienen nada para envidiar a las otras etnias y, por el contrario, su inteligencia emocional es mucho más desarrollada que la correspondiente a la mayoría de la población. Sin embargo, debo expresar mi desconcierto ante la manera como María Isabel Urrutia, candidata del Polo, viene adelantando su campaña a la Alcaldía de Cali.” Observemos entonces, como en la columna referida opera el discurso ideológico. En primera medida habría que reconocer como a pesar que las ideologías son emitidas por individuos, la ideología forma parte de las formaciones sociales en las cuales son afirmadas, en esa medida son profundamente inconscientes. Seguramente el autor no reconoce sus generalizaciones, cuando describe “la vivacidad y el espíritu alegre” de un conjunto poblacional tan diverso como el afrodescendiente. En gran medida, los procesos ideológicos del racismo funcionan de manera inconsciente, más que por intención consciente. Tal y como lo muestra Hall, “las ideologías producen diferentes formas de consciencia social, en lugar de ser producidas por aquéllas”.
Bien podríamos quedarnos en un marco analítico del racismo a partir de sus condicionamientos perceptuales entre la gente negra y los que no lo son. Sin embargo, “… la cuestión no es si los hombres en general establecen diferencias perceptuales entre grupos con diferentes características raciales o étnicas, sino más bien, cuáles son las condiciones específicas que hacen de esta forma de diferenciación algo pertinente socialmente y activo históricamente” (Hall Op. Cit). Es decir, hasta qué punto el racismo es un recurso posible y efectivo dentro de la formación social en la cual se produce.

Si seguimos leyendo la columna de Antonio de Roux nos damos cuenta que el columnista acusa “La mutación de la otrora apacible campeona olímpica…”, en la medida que en opinión de Roux, la candidata Urrutía participa de una de las posiciones más radicales de la izquierda política del Valle del Cauca, encarnada en el senador Alexander López. A titulo seguido el columnista se muestra desconcertado por la denuncia de María Isabel en torno a que en Cali existe una oposición entre ricos y pobres, dentro de la cual la oligarquía busca utilizar todos sus métodos para acceder a la primera magistratura de la ciudad. Incluso, la candidata del Polo denunció como Rodrigo Guerrero utilizo sus vínculos y relacionamientos con el presidente Juan Manuel Santos, para favorecer su inscripción como candidato. Punto seguido, el autor compara la polarización de clase a la cual se refiere Urrutia con un oscuro caso de dopaje por el cual la deportista fue sancionada, y le pide que dado ese antecedente se abstenga de “[…] evitar dar lecciones sobre aquello en lo cual hemos fallado”. Así, de un debate que Urrutia había colocado alrededor de las condiciones socioeconómicas de la ciudad para explicar la polarización caleña frente a la posibilidad que una mujer negra asumiera la primera magistratura de la ciudad, el autor concluye: “A mí una cosa me queda clara en todo caso: no deseo que alguien sancionado por su comportamiento deshonesto o su descuido, que olvidó los valores inmensos de su etnia, que adoptó el discurso del resentimiento y la polarización, llegue a conducir los destinos de mi ciudad.”
Para Hall, el racismo desde el punto de vista de su especificidad histórica, permite ver que su objeto es la organización —por el poder— en la formación social, en tanto configuración de posiciones y relaciones desiguales. Este punto de vista analítico considera el racismo como una forma —o una serie de formas históricamente cambiantes— de dividir y distribuir la población. Como vemos, Antonio de Roux niega la oposición propuesta por María Isabel Urrutia entre “ricos y pobres”, para fragmentarla en múltiples binarismos del resentimiento y la polarización social: inocente-culpable, honesto-deshonesto, cuidadoso-deshonesto. La verdadera cuestión para Hall no es cómo escapar del binarismo o negarlo, pues eso implicaría ignorar el contexto. Reducir el racismo a una sola relación binaria como la de pobres y oligarcas, olvida que muchos de estos epítetos son reproducidos y validados por los mismos sujetos racializados. Como mostraría Franz Fanon en su libro Piel negra, mascaras blancas, la gente negra reproduce -en no pocos casos- los estereotipos sobre su misma condición, y de muchas maneras busca lavar su condición moviendo la frontera imaginaria del color de la piel y los rasgos fenotípicos, hacia individuos idealmente más negros: el negro-azulado.

En lugar de ello, más bien deberemos preguntarnos por qué reaparecen los binarios. Para Hall, cualquier binarismo es en realidad una diferencia sobredeterminada, el poder siempre sigue manteniendo los binarios en las realidades históricas: «Esto es posible debido a que el lenguaje y el poder no son lo mismo, sino que el poder interviene en el lenguaje (representación) para asegurar ciertos efectos. Como vemos en los múltiples adjetivos que miméticamente se extrapolan desde la candidata María Isabel en la fragmentación binaria del columnista de Roux, hasta el extremo del graffiti citado al comienzo de este texto; en ambas construcciones discursivas es posible apreciar que a pesar de la existencia de “…ciertas características generales en el racismo. Aún más significativas son las formas en las que dichas características generales se modifican y transforman por la especificidad histórica de los contextos y los entornos en los cuales cobran actividad” (Hall Op. Cit.).

Por último, repasando uno de los comentarios de los cibernautas que visitaron la columna de Antonio de Roux, observamos que tal y como nos lo propone Hall, las ideologías “trabajan” construyendo para los lectores sus posiciones de identificación y conocimiento que le permiten “proferir” verdades ideológicas como si fueran sus legítimos autores. Alguien identificado como Gabriel61 escribió debajo de la columna referida:

“¿Y ustedes creen que una ignorante de todo lo anteriormente mencionado va a sacar a Cali del ostracismo en el que estamos?. Cali ya no tiene Caleños, además de haberse llenado de desplazados analfabetos y que no tienen idea de lo que es cultura, han llegado a Cali a despedazarla, a Ultrajarla,a irrespetarla...además de todo, también quieren ser alcaldes para depredarla más y dejarla inviable como ciudad. A una ciudad llena de sicarios y raponeros ningún empresario internacional la quiere mirar, no hay quién le inyecte capital”. Mié, 09/14/2011 - 3:51pm — Gabriel61

Es así como se transforman los binarismos asignados implícitamente a la candidata María Isabel. Las metáforas de cuerpo fuerte y alma sumisase continúa propagando en el juego de sus posibles evocaciones y adjetivaciones dentro de la formación social racializada. Esto no se debe a que necesariamente las evocaciones emanen de nuestra experiencia más íntima, unificada y auténtica, sino que por lo general nos vemos reflejados en las posiciones que hay en el centro de los discursos desde los cuales “cobran sentido” las afirmaciones que hacemos. Así es como los mismos “sujetos” (por ejemplo, las clases económicas o los grupos étnicos) pueden construirse de manera diferente en diferentes ideologías.

Bibliografía
Arocha Jaime. 2008. Ideología y Racismo. El espectador http://www.elespectador.com/columna85506-ideologia-y-racismo
DANE. 2005. Censo Poblacional.
De Roux Antonio. 2011. Vendió el alma. Diario el País. http://www.elpais.com.co/elpais/opinion/columna/antonio-roux/vendio-alma
Fanon, Franz. 1974. Piel negra, máscaras blancas, Editorial Schapiere, Buenos Aires.

Grossberg Lawrence. 2006. Stuart Hall sobre raza y racismo: estudios culturales y la práctica del contextualismo. Revista Tabula Rasa. Btá No 5.

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